Canal du Midi : ¿Pasaremos, o no pasaremos?

Cuando llegamos a Palavas-les-Flots, encontramos de nuevo a Alix, que trabaja en Montpellier, y Leo, que vuelve después de navegar unas semanas.Y también volvemos a los placeres de la vida en tierra: poder darnos todas las duchas que queramos, disfrutar de un sofá seco mientras fuera llueve a cántaros… Por otra parte tuvimos suerte, durante el fin de semana han llegado fuertes tormentas a la región de Antibes, ¡justo donde estábamos la semana pasada! Ya que hacemos escala en Palavas/Montpellier podemos ver a Bertrand, de MonRdvSantè. Es un apasionado de la vela, que nos sigue desde el prinicipio del viaje y nos ha preparado varias citas para que podamos compartir nuestro proyecto.

Nuestra primera cita es el instituto St Pierre, un hospital infantil. Contamos nuestra aventura y les hacemos alguna demostración de impresión en 3D. Nos han hecho muchísimas preguntas: “¿podemos fabricar lo que queramos con estas impresoras?, ¿habéis visto tiburones?”. Donamos al instituto el Escornabot, un pequeño robot didáctico que nos han regalado en Bricolabs en nuestra escala en A Coruña (http://blog.lab-rev.org/escales-en-galice/). Estamos contentos, conocemos a su profesor de informática, que ya está pensando en un montón de acividades que podrá hacer con este juego.

Después de los pequeños, ¡llega el turno de los mayores!Dirección Polytech Montpellier! Y nos encontramos proyectados hace un par de años, pero esta vez del lado del anfiteatro. Los estudiantes de ingeniería mecánica y de materiales están muy interesados en el proyecto, tanto por la parte técnica, como por la parte de la aventura, particularmente sobre las dificultades que surgen cuando se vive en un espacio reducido como un barco que es habitación, salón, cocina, medio de transporte y laboratorio de mecánica, ¡todo al mismo tiempo!

Después de estas dos citas, aprovechamos para preparar el barco para el canal: sacamos las velas, bajamos el generador eólico, sino podemos quedarnos sin él pasando debajo de los puentes. Bien, ¡ya estamos preparados para un par de semanas de navegación solo a motor!

Sacamos el mástil del mesana usando el mástil maestro. Con un enorme palo en el puente y sin cabos a los que agarrarnos perdemos todas las referencias. No sólo faltan puntos donde agarrarse, sino que nos partimos la cabeza con el palo cada vez que salimos de la cabina!

El canal no empieza en Palavas, todavía nos queda por sacar el mástil maestro. Salimos hacia Sete el 8 de octubre, muy temprano por la mañana, ya que tendremos que llegar antes de las 9h30, que es el horario de apertura de los puentes. Son cerca de 12 millas.

El viento es de 25 nudos de cara, y Brutus tiene sus dificultades para ir a más de 3 nudos. A este ritmo no llegaremos puntuales a Sete. Pero tenemos una idea! Izamos el génova con la driza del spy y..¡llegamos a casi 5 nudos!

Como unos auténticos ases de la velocidad, llegamos al puente a las 9h28. Pasamos los 5 puentes, y nos encontramos en el estanque de Thau, buscando algún taller que nos ayude a desarbolar en el día. No arrimamos a un puente al pincipio del estanque y vemos un barco ya desarbolado, Courlevent, que se dispone a cruzar también el Canal di Midi. Olivier y Aurelie, después de haber navegado hasta las Baleares este verano van a pasar el invierno a Toulouse. Tienen problemas con el motor y en menos e un minuto, ¡Adrien ya se había tirado a su barco para echarles una mano!

Nos hablan de un taller que tiene grúa y vamos caminando, después de haber hecho una pequeña parada en una panadería para probar las famosas tielle ((empanadillas) di Sete! Romain, el dueño del taller nos da incluso los ejes de madera sobe los que apoyar los mástiles, gracias a los que dejaremos de darnos golpes en la cabeza cada dos por tres.

Partimos al día siguiente por la mañana, en compañía del Courlevent, con los barcos uno al lado del otro, para atravesar el estanque de Thau. Es cómodo para ir charlando, y los barcos se complementan muy bien, nosotros tenemos un motor más potente y ellos el piloto automático.

Entramos en el canal de midi el 9 de octubre a mediodía. Y a partir de aquí empiezan los problemas. Esta etapa, en la que pensábamos que no haríamos nada más que tomar aperitivos, se convierte de hecho en la parte más incierta. Además de los problemas con el motor, al que nos fuimos acostumbrando, está el problema del calado.

De hecho, el viejo y querido amigo Pierre-Paul Riquet (1609-1680), creador del canal, lo hizo costruír para barcos de 1,60 m de profundidad, pero en los tres siglos sucesivos el canal se ha ido llenando de arena. A día de hoy está garantizado para barcos que calan 1,40 m, o mejor dicho 1,20 m. Nuestro calado es de 1,55 m (en realidad no estamos de acuerdo sobre esta medida, es una media). Éste es el problema.

Sabíamos esto desde el principio, y hemos pensado a tantas posibles soluciones (no os olvideis de que tres miembros del equipo de abordo han estudiado arquitectura naval). ¿Sacar peso al barco? Por qué no, pero para ganar 10 cm necesitamos sacar una tonelada de peso del barco!No es fácil. Una de las soluciones que hemos pensado es inflar una balsa flotante bajo el casco, para hacer algo así como un artefacto flotante bajo el barco. También pensamos en recuperar miles de botellas de plástico para construir este soporte flotante, como veis las ideas no nos faltan!

Por fin, parece que pasa, tano en profundidad como en altura.

Desde el primer momento empezamos a contar las veces que tocamos fondo con el casco. ¿Cuántas creeis? Podeis hacer apuestas, ¡encontrareis la respuesta al final del artículo! Intentamos quedarnos siempre en el centro del canal, comprobando a cada rato la profundidad.

Llegando a la primera compuerta, parece que pasamos. Preguntamos al responsible de la compuerta y nos dice que si hemos llegado hasta aquí, llegaremos también hasta Toulouse. Nos da seguridad, pero no todos nos dirán lo mismo.

La vida en el canal está marcada por las compuertas. Los horarios de funcionamiento hacen que el ritmo de navegación sea lento (9h00-12h30, 13h30-18h00), y las maniobras se realizan a razón de una decena al día de media.

Es muy agradable navegar con nuestros amigos del Courlevent. Cuando el canal es suficientemente ancho, nos ponemos uno al lado del otro, y por la noche amarramos a su barco( con 80 cms e quilla pueden acercarse a la ribera, no es nuestro caso). Nos ayudan a desencayar y nosotros les remolcamos cuando e motor se recalienta. ¡Nos complementamos de maravilla!

Navegar en el canal no tiene nada que ver con navegar en el mar. Estamos dentro del paisaje de la ribera del canal y lo vemos pasar mucho más rapidamente que desde el mar. A pesar de que nuestra velocidad es de 8 km/h (si, en el canal nos olvidamos por un momento de millas y nudos y volvemos a medidas terrestres). Pasamos por el corazón de las ciudades, de pueblos, y nos cruzamos un montón de turistas alemanes al timón de sus houseboats alquilados. A veces nos dan un poco de miedo, nos da la impresión de que no saben llevar muy bien la embarcación…

Echamos de menos las estructuras de acogida para navegantes en el canal. Aprovecharemos para darnos una ducha en la etapa de Beziers, la última antes de Toulouse.

Los “biefs” (partes del canal entre las compuertas) se suceden unas tras otras, algunas más profundas, a veces con variaciones de nivel debidas a las compuertas. En Carcassonne, la tripulación del Courlevent se para por unos días, mientras nosotros decidimos continuar. Después encontramos a Caro y Ludo, unos amigos que adoran los barcos “cuando no se mueven mucho”. Así que el canal es el lugar ideal para pasar el tiempo navegando con ellos sin que tengan miedo del mar.

Encayamos a pocos metros de distancia de una cuenca cerca de la colina de Naurouze, el punto más alto del canal (190 metros sobre el nivel del mar). Olivier y Leo tienen que bajar a tierra con las amarras para ayudar al motor. Después de unos minutos ¡volvemos a arrancar!. Hacemos noche cerca del obelisco de Riquet, momumento en honor del creador del canal.

Al día siguiente comienzan los problemas. La primera parte del canal en dirección a Toulouse está llena de materia, tocamos fondo continuamente. Después de pasar la compuerta de Montgiscard, chocamos con un gran bloque de fango ( los técnicos lo laman “toc”), nos bloquea completamente.

Bajamos con amarras para ayudar al motor, pero nada, el barco está completamewnte en cayado. Tiramos como locos de un puente que está a unos metros de nosotros, pero nada, no se mueve.

Olivier sube a la zodiac para sondear el fondo que tenemos delante del barco. Este “toc” tiene, por lo menos 25m de largo y ocupa todo el largo del canal.

Salimos cuando cala la noche, después de dos horas de enormes esfuerzos, haciendo mover el barco para excavar en el fango, combinando con el ancla (que llevamos delante con la zodiac y la recuperamos con el cabrestante), entre tres personas tirando desde tierra y el motor al máximo. Con este método avanzamos de cinco en cinco metros, y conseguimos, paso a paso, atravesar el “toc”.

Decidimos seguir hasta la siguinete compuerta, con Ludo, Olivier y Leo que caminan en el sendero del canal con las amarras, por si acaso aparece otro “toc”. Son siete kilómetros de marcha nocturna con el frontal en un camino lleno de agujeros y ramas “reconociendo” el terreno.

Al día siguiente el motor no quiere encender. El día anterior ya fue difícil, pero ahora, nada, no hay nada que hacer. Ha estado muy solicitado esta última semana y aparentemente no ha recibido suficientes “halagos”… Además por la mañana hace frío y esto tampoco nos ayuda. Pasamos una compuerta pasando el barco con las amarras y, solo después de varios intentos, nos resignamos a seguir hasta la siguiente compuerta buscando electricidad para recargar las baterías que usamos para intentar encender el motor.

En esta última compuerta (la última antes de Toulouse), conocemos a Blaise, que trabaja en un restaurante enfrente y vive en un barco un poco más allá. Nos brinda la oportunidad de engancharnos a su red eléctrica. Mientras tanto, el motor sigue sin querer encenderse. Estamos preparados para desmontar la culata, Blaise nos indica un taller no muy lejos, donde podrían prestarnos las herramientas necesarias para salir del apuro. Qué gran combinación! Son también especialistas en aceite de freír reciclado! Se llaman RouleMaFrite31. Vamos en búsqueda de herramientas y consejo, tenemos que hacer solo 5 kms tirando del barco a mano!

Por suerte, una vez que parte el barco se desliza solo dejándose remolcar. Los mecánicos de RouleMaFrite nos aconsejan dejar de usar el aceite usado: nuestro viejo motor, que no tiene calentadores, no consigue quemar bien el aceite, esto explica los problemas que tenemos con el depósito de residuos habitualmente.

Conseguiremos poner el marcha el motor al final de la tarde. Llegamos a la ciudad roja de noche y amarramos en Porto-Saint-Sauveur. ¡Qué extraña sensación estar en el centro de la ciudad!

Al día siguiente demontamos el motor hasta los pistones. Gwen, nuestro mecánico a distancia, nos guía, y encontramos el problema: los segmentos, guarniciones metálicas que mantienen los cilindros y los pistones están gastados. Si hay fuga no hay compresión, si no hay compresión no hay explosión y si no hay explosión el motor no funciona.

Adrien se va a buscar más piezas, mientras el resto de la tripulación hacemos turismo gastronómico: ¡Aligot y salchicha de Toulouse! Visitamos Artilect, el fablab de Toulouse, el primer fablab francés, y también el más grande: 700m2 de locales, pero lo más importante 1000 soci@s!!! Se enamoran de nuestra historia, y se ofrecen a darnos una mano para poner a punto uno de nuestros prototipos desarrollados a lo largo del canal de midi: el AperoWinch, un portavasos universal para todos los aficionados a la vela, hecho con un soporte impreso en 3D que se engancha en el winch y un plato de madera cortado con láser.

Después de 10 días en Toulouse (esperando piezas, después llegan, nos damos cuenta de que no son las que necesitamos, volver a empezar, etc…) conseguimos salir el 26 de octubre, en dirección a Bordeaux y el Atlántico. Cambia de nuevo la tripulación, Caro, Ludo y Leo vuelven a casa, viene Cassandra. La parte entre Toulouse y Bordeaux debería ser más fácil, están garantizados 1,60 m de profundidad…

A propósito, entre Sete y Toulouse, 230 km, hemos tocado fondo sobre 250 veces. Nada mal, verdad?

Bonifacio – Palavas-Les-Flots : ¡el Karukera vuelve a casa !

Qué extraña sensación la de volver a tierras conocidas. Una sensación de comodidad se apodera del barco, ya conocemos algunos lugares a los que iremos, encontramos algunos amigos y nos duchamos más veces por semana. Después de unos meses de aventura no nos seduce lo desconocido, sino el otoño, hemos dejado de luchar contra el calor: winter is coming. Es necesario acercarnos a la bahía y echar el ancla, sacamos mantas, bufandas, gorros. Volvemos al placer de comer en la mesa y del sol que nos calienta la piel a mediodía.

El calor fuerte ya terminó, pero no podemos decir lo mismo de la estación, los turistas que decidieron evitar la temporada alta de julio y agosto nos los encontramos ahora. Bonifacio aún está llena de gente de vacaciones, pero el precio del puerto ha pasado a ser de categoría media. Encontramos tarifas aceptables con servicios estupendos: las duchas y los baños están a 150m del barco. Fácil. Pero esta etapa no es otra cosa que una breve parada, un temporal de viento se acerca y no debemos perder tiempo. Durante algún día iremos de bolina con condiciones duras: 25 nudos y mar agitado. Afortunadamente hay en nuestro trayecto bahías preciosas y lugares tranquilos donde fondear. Disfrutamos por última vez del agua color turquesa y la arena fina y aprovechamos que no hace demasiado calor para dar un paseo por la montaña.

En Ajaccio, nos damos cita con el joven y primer fablab Corso (fablabajaccio.com), y nos quedamos boquiabiertos con el trabajo que Marylin Richard fue capaz de realizar en solo tres meses. El fab lab está ubicado en uno de los locales del Crédito Agrícola Corso y dispone de una gran superficie. Su futuro promete, ¡nos quedamos con las ganas de saber como continuará!

Aprovechamos nuestra escala en Ajaccio para hacer un cambio de equipo y nos quedamos todo el fin de semana. Para no pagar el puerto – cosa necesaria vistos los fondos de Lab-Rev- echamos el ancla cerca de la costa. El primer día fue too bien, el segundo se nos complica la cosa: el viento se levanta con fuerza. Intentamos volver a bordo y, en el momento de subir a la zodiac vemos que el barco se aleja. Se va hacia otro barco, le pasa cerquísima. Subimos, encendemos el motor, pero nuestro ancla se engancha a la cadena del otro barco. Después de muchos intentos para sacar el ancla no lo conseguimos. El viento aumenta y ahora son los dos barcos que van arando el fondo. Y arando se dirigen hacia un tercer barco más grande que estaba a sotavento. Viendo todo este desastre no nos queda otra opción que dejar nuestra ancla en el fondo. Hay 18m de profundidad, será difícil recuperarla. Pero afortunadamente nuestro compañero de Croisiera (http://www.croisiera.com/) que tiene su base en Ajaccio, dispone de botellas de oxígeno. Stephen vendrá a liberar las tres anclas y se encontrará un buen nudo en el fondo. Las cadenas están bloqueadas por un naufragio, a pesar de todo conseguimos recuperar nuestra ancla y nuestra cadena. ¡Gracias Croisiera! Intentamos localizar al propietario del otro barco pero no parece que le preocupe mucho el tema. Así que dejamos los dos barcos uno al lado del otro y nos vamos al día siguiente.

Dominique, el padre de Olivier sustitye a Cassandre, que deja el barco después de tres meses a bordo. Neceistamos recuperar ánimos, ya que en poco tiempo tendremos que atravesar el continente. Comenzamos con una etapa hacia las islas Sanguinaires al final de la bahía de Ajaccio.

Al día siguiente aprovechamos que tenemos viento favorable para ir hacia Girolata, un lugar protegido para fondear: está llegando un temporal y necesitamos repararnos. Nos quedaremos allí 48h, saldremos directamente en dirección a Antibes en cuanto mejore el estado del mar.

El comienzo promete: salimos a 5,5 nudos de bolina, practicamente en ruta directa. Como era de prever, el viento vira y nosotros también. Pero este viento débil no nos deja avanzar contra la corriente residual que se creó después del temporal de los días anteriores. Encendemos el motor a medianoche con cierta resignación. Al alba el mar está calmo, sin viento y cruzamos varios cetáceos. Varios delfines que viene a jugar con el barco y creemos ver una ballena a lo lejos. Pero después de un par de horas se produce un encuentro impresionanate: vemos una ballena a 500 metros de nosotros en la superficie, pasamos a 50 metros de ella y no parece preocuparse de nuestra presencia. Apagamos el motor durante un cuarto de hora y la vemos respirar y respirar y relajarse dulcemente en la superficie. Estamos a menos de 50 kms de la costa y el espectáculo es increíble.

Llegamos a Antibes sin problema, incluso podemos sacar el spy durante una hora.

Esta escala es un lugar de encuentro privilegiado, ya que nos espera el Navlab (http://navlab.avitys.com/), primer fablab naútico. Bruno Messin, el fundador, había venido a Bretaña el pasado invierno para ayudarnos con el trabajo de restauración; así que es un placer reencontrarlo en el Sur de Francia. El Navlab está en el centro de Antibes y, tal y como ya es habitual en nosotros, vamos a visitarles a su local, antes de invitarles a venir al Karukera. Tienen un laboratorio con máquinas clásicas para la fabricación con control numérico, dos salas destinadas al coworking, una sala de reuniones y una terraza. El Navlab tiene una peculiaridad respecto a los demás, non es un open space, lo cual permite trabajar sin la distracción del Dremmel. Cómodo.

Encontramos también a la persona que traduce nuestro blog al italiano: ¡Paolo!Qué placer encontrar a alguien con quien hemos tenido contacto solo a través de internet. Y además de hacer la traducción nos da un montón de consejos sobre como atraversar el canal de Midi. Al ser instructor de vela en Les Glenans al lado de Onglous, conoce bien la navegación en esta zona. Nos prestará un mapa del canal y una antena GPS que funciona de maravilla conectada a nuestra central de navegación. Gracias Paolo!!!

Saliendo de Antibes ya somos solo dos a bordo (Olivier e Adrien): Dominique se ha ido y tenemos que ir a Palavas les flots. Presentes desde el inicio de nuestro viaje la tripulación está rodada en todo lo relacionado con la navegación así que no hay problema. La primera etapa es incómoda: navegaremos solo a motor hasta la bahía de Agay, donde fondeamos delante del complejo turśitico Pierre & Vacances. Habíamos fondeado en lugares más exóticos, pero este lugar está bien protegido, así que no nos lamentamos.

Al día siguiente tenemos suerte: el parte metereológico es perfecto, navegamos de través y después al portante. Pasamos en medio de una de las regatas de Saint Tropez, ¡qué gusto ver barcos navegando a vela!

El viento nos permite hacer 50 millas en un día, por la noche paramos en Porquerolles. Y en el mejor momento, ya que las nubes que nos acompañaron al atardecer provocarán un temporal nenorme en una isla.

Pretendemos llegar a Marsella en un día, pero nos asalta una duda: hay mucho viento, las rachas en puerto llegan a 50 nudos. Aumentará en Porquerolles a lo largo del día, pero disminuirá si vamos hacia el oeste. La manobra en puerto no es nada fácil, entre dos personas y con este viento. Pero conseguimos salir y, a la salida del puerto ¡salimos disparados! Con un quinto del genoa izado en proa, vamos a casi 6 nudos. La situación comprometida no nos impide hacer alguna foto , las olas son cortas con rachas violentas, no obstante nos quedamos impresionados de como el Karukera se defiende en estas duras condiciones. Surfeamos las crestas de las olas hasta cerca de los arroyos de Marsella, nos deslizamos magicamente mientras vemos aparecer la ciudad entre las islas calcáreas.

En Marsella, encontramos a David Ben Haim, uno de los cofundadores de la Charbonnerie, un futuro fablab. Siendo marinero e ingeniero, hemos hablado del generador hidráulico y la central de navegación. Nos confrontamos sobre todas las mejoras que podríamos añadir a nuestros prototipos y él no ha querido esperar: ha construido una central de navegación a través del esquema open-source dTi remo de la Charbonnerie (http://www.lacharbonnerie.com/), está aún en construcción y será unlaboratorio participativo comunitario. El lugar ya tiene un espacio de coworking que nace con una idea muy simple: 5 amigos necesitan un lugar de trabajo y se asocian para compartir espacio. Visto que todos ellos necesitan máquinas específicas para poder trabajar las ponen en común. Tienen máquinas de control numérico y máquinas de fabricación clásicas; es un laboratorio en el centro de la ciudad donde se puede construir, organizar, encontrarse…! Nos quedamos con ganas de ver como será el local cuando abrirá, por ahora no postamos ninguna imagen pero dejamos que os lo imagineis!

Duespués de un buen abastecimiento, dejamos Marsella sin nada de viento. El anemómetro indica 5 nudos: es el viento creado por nuestra velocidad a motor. Visto que es una de nuestras últimas etapas en el Mediterráneo, nos quedamos con la imagen bucólica de estas condiciones que hemos encontrado tan a menudo en estos meses. El último fondeo será el peor después de 6 meses de navegación: delante de Fos-sur-mer, una bahía rodeada de cargueros y terminales petrolíferos che marca nuestra entrada en el territorio de los mosquitos! Como hace frío y están por todas partes nos encerramos dentro del barco.

Al día siguiente tenemos que hacer 45 millas para llegar a Palavas. Por fortuna se levanta un poco de viento que ayuda a mejorar la velocidad del motor, ya que nosotros todavía estamos luchando con la niebla y el sueño. Los mosquitos nos nos dejaron dormir y navegaremos por turnos todo el día para tratar de recuperar el sueño. Es fundamental hacerlo porque por la noche quedaremos con algunos amigos a los que hace tiempo que no vemos y tendremos que celebrarlo! Sacamos energía para tomar algunas muestras de plancton en el Mediterráneo y Eolo, como por hacernos un regalo, ¡empieza a soplar para poder navegar con el spy hasta nuestra llegada!

Stromboli-Grecia: ritorno in Bretagna?

Sicilia, el Jónico, las islas griegas, palabras que emanan tranquilidad veraniega y sombrilla. ¿La tripulación del Karukera habrá visto demasiadas postales? No nos habíamos puesto los imperbeables con tanta frecuencia desde abril, algo que, en parte, ha resuelto nuestros problemas con la higiene. Pero, cuando hablamos de calor, hablamos también de temporal! El anemómetro indica que habrá 10 veces más viento respecto a los días anteriores; el viento, la lluvia y el granizo habrían podido tranquilamente despeinar a los centauros. Es una buena oportunidad para que se entrene toda la tripulación: “arriamos todas las velas!”; y justo después “¡recogemos todas las velas!”. En ruta hacia Grecia dejamos atrás el Strómboli. Vamos hacia el estrecho de Messina, que separa la bota peninsular de Sicilia y nos dirigimos al punto más al oriente de nuestro periplo: las islas jónicas.

Pasamos por Scilla, un pequeño puerto antes del estrecho y entramos en una zona ciertamente mitológica. En Scilla es donde, supuestamente, un animal mitológico habría devorado a toda la tripulación de la nave de Ulises. Tocando madera en el Karukera, continuamos rumbo fijo. Pero la brisa que en las previsiones sería de oeste, gira de repente a sureste y vemos, a lo lejos, un temporal que se disipa conforme nos acercamos a tierra.

El puerto de Scilla non es un puerto deportivo, sino un muelle para el ferry que circula solo los domingos. Atracamos allí, es un buen puerto, además de gratuito.
El mismo tipo de temporal del día anterior rompe nuestra tranquilidad. El viento es de 60 nudos, las olas llegan de popa al Karukera y tira fuerte de las amarras. Hasta tal punto que se arranca un noray de cemento del muelle, que habría podido hundir tranquilamente el barco si no fuese por Olivier que largó el amarre justo a tiempo. El episodio dura casi una hora. Probamos siete amarres distintos en la popa, con el motor en marcha atrás a toda potencia y una cornamusa casi se rompe, destrozando una pequeña parte del puente. Nos resultará fácil arroglarlo, pero no empapamos de pies a cabeza. Después nos tomamos un te calentito en pleno verano. La próxima vez estaremos más atentos con los impermeables.
Al día siguiente salimos hacia Reggio Calabria, que tiene un puerto muy caro pero con muchos servicios. Tendremos que llenar el depósito antes de salir. Así conocemos a Saverio, un personaje que forma parte de la fauna urbana del lugar. Taxista, vendedor de recambios de coche, mecánico, productor de vino, queso y embutidos, es capaz de buscarnos cualquier tipo de servicio y regatear como nadie. Saverio goza de fama internacional por ser un personaje polivalente. El portulano habla de él y él siempre sabe qué barcos entán entrando en puerto para hacer escala. Presume de conocer a Florence Arthaud y nos cuenta sus amoríos en el océano atlántico. Nos invita a su “base”, donde descubrimos que además alquila coches y tablas de surf. Nos seduce ofreciéndonos un vaso de vino blanco y salimos con un queso y varios salamis debajo del brazo. Al día siguiente va incluso a husmear en nuestra hoja de ruta mientras sacamos dinero del banco, antes de acompañarnos al supermercado. Nos espera con el maletero abierto en una plaza donde está prohibido aparcar, fingiendo que tiene el coche averiado para que nadie le moleste. Volvemos a bordo con su salami buenísimo y alguna botella de vino tinto. Es hora de irnos antes de que sea demasiado tarde.
500km y casi 60 horas de navegación, esto es lo previsto para poder llegar a  Grecia, el viento de sur es moderado y nos hacemos a la idea de que nos acompañará el buen tiempo. Y de hecho, es así durante el primer día. Aprovechamos para imprimir unos mandos para nuestra cocina de gas, que se habían estropeado con el uso.
Con cinco personas a bordo, la primera noche no es muy dura. Vemos relámpagos a lo lejos que iluminan el horizonte. Pero nos mantenemos a buena distancia. El viento gira en cuanto nos acercamos un poco al temporal. Esto nos hace ralentar un poco, pero no cambia sustancialmente la vida a bordo. El segundo día pasa tranquilamente, navegamos con todas las velas izadas y hacemos millas con mucha facilidad. Pero al final del día el aire se carga y cala en viento. Aparecen los primeros relámpagos. Nos recuerda a una sesión de fotografía con flash, si no fuera por el ambiente y las bebidas. Si los rayos fueran más grandes sería un riesgo para un barco a vela, pero no es el caso. A pesar de todo, ponemos una cadena al sartie, de modo que si llega un rayo se desvíe al agua directamente. Por suerte, el rayo que cae más cerca de nosotros lo hace a unos 3 kms. También nosotros ponemos de nuestra parte haciendo zigzag, dando una vuelta de 15 kms para evitar estas nubes con forma de yunque.
Durante la noche, llegan rachas de viento con nubes tan oscuras que se ven en plena noche. El viento cambia de dirección constantemente, el anemómetro marcará hasta 60 nudos. Es otra ocasión para que se entrene la tripulación: tenemos que recoger todas velas varias veces e izar cuando llega un momento de calma, que viene seguido de vientos fuertísimos. Otra vez con un calor sofocante, ya estamos en condiciones para tranquilizar nuestro cuerpo y alma de marineros. Nos ponemos las linternas frontales para poder ver “algo” en medio de la noche. Un poco como recuerdo, y también para reírnos de nosotros mismos, las dejamos alrededor de la brújula durante algún tiempo.
Pasada la noche, solo queda un pequeño rastro de las nubes. La mañana es fresca y esta temperatura se mantiene durante bastante tiempo. Mientras uno reposa, otro repasa el vocabulario relacionado con la lluvia. Chirimiri, temporal, diluvio: la variedad de términos es sorprendente. Mientras termina la última etapa de nuestro periplo, probamos a imaginar al tiempo que nos espera cuando lleguemos a mitad de noviembre en Bretaña. Llegamos a la conclusión que los partes metereológicos no siempre aciertan al 100%, y mucho menos en el Mediterráneo.
 
Esta dura prueba llega a su fin y volvemos a sonreir. ¡Las islas griegas aparecen en el horizonte!
Tenemos que dar parte de nuestra llegada en el servicio de inmigración en el primer puerto griego al que llegamos: Argostopolis. Hacemos una escala perfecta en la isla de Cefalonia, la noche cuesta 12 euros y ofrece los mismos servicios que los puertos italianos, donde hubiéramos pagado cuatro veces más.  Tenemos un supermercado a 50 metros, un mercado a 250 y un montón de kebabs en las callejuelas del puerto. Todo lo que queremos después de las semanas que pasamos en Italia y después de una travesía difícil. Tenemos unos diez días para recorrer Grecia antes de volver a Sicilia. Nos esperan algunos problemas técnicos, pero antes de darnos cuenta nos damos una buena ducha en el muelle de Argostopolis.

Ponza – Stromboli : ¿para cuándo una ducha?

¡Higene, higiene, cuánto te echamos de menos!  Estamos pegajosos, entre sudor de las sábanas, mezclado con crema solar y productos antimoscas. No tenemos ducha ni lavadora en el Karukera. Tendríamos que explicarlo en los amarres, que se dedican a jugar con los precios. Tenemos que ir a los bares para poder ir al baño y tenemos que lavarnos en el muelle con agua dulce y bañador.
Es cierto que tenemos un jabón especial para agua salada y duchas solares para enjuagarse, pero es una cuestión de poder o no poder lavarse. En resumen: olemos mal, ¡pero no demasiado!
Navegar a vela es realmente un placer. Un detalle importante para quien quiera navegar por el Mediterráneo. Llegamos a Ventotene con unas condiciones estupendas: el mar como un plato, brisa moderada… Además de poder ir a vela disfrutamos de un poco de aire fresco. El ambiente a bordo es excelente y la llegada a la isla, además de ser genial, fue muy cómica. Hay dos puertos en Ventotene, que están cerca entre ellos. Llegando al primer puerto nos llama la atención una barca con dos empleados del segundo puerto; tras un pequeño regateo nos proponen amarar, 25 euros la noche en lugar de 50. En ese momento llega otra barca del primer puerto para ofrecernos todas sus comodidades. Que pena, el tipo no es muy convincente. Entonces, llegamos al mítico puerto romano, construido por Agripa para que Julia, hija del César, pudiera recibir a sus amantes, y tenemos que volver a negociar. Estábamos seguros de que habían dicho 25 y no 30 por noche, pero sólo nos da la razón cuando les aseguramos que iremos esa misma noche a su bar a tomar unas cañas. La isla es interesante, no demasiado turística. Al día siguiente saldremos hacia Nápoles.
Durante la navegación, nos damos cuenta que el carro escotero (el carro que permite regular la apertura de la vela) se está rompiendo por la derecha. Lo arreglamos y, ya que el mar está en calma, desmontamos y seguimos navegando con el spy.
El spy nos lleva hacia la bahía de Nápoles. Las islas de Procida e Isquia donde hacemos una parada, son estupendas, pero el agua está sucia. Nos tiramos al agua para comprobar el fondeo y encontramos una mezcla de arena, latas, pañales y filtros de cigarrillos en el fondo. Que pena da bañarse con toda la basura que flota en el agua. Las barcas a motor y lanchas se cruzan a toda velocidad en plena zona de fondeo, nos ponen de los nervios. Todo esto disminuye hacia las 2 o 3 de la mañana, y vuelven a empezar a primera hora de la mañana.
Saludamos con amabilidad a los barcos que entran a fondear despacio, sin hacer tantas olas ni correr el riesgo de matar a nadie con la hélice del motor encendido.
Vamos hacia Nápoles pero todos los puertos están llenos, no hay ni un sitio libre. Al final vamos a Torre del Greco, una pequeña ciudad cerca de Nápoles. Nos da la sensación como si fuéramos a Cergy-Pontoise para visitar París. Relativicemos: está cerca de Pompei, un lugar que nos gustaría visitar y, por otra parte, la Cergy napolitana tiene su toque de encanto. Hacer escala en puerto es más que necesario: tenemos una gran lista de cosas que hacer a bordo del Karukera. Volver a montar el carro de escota y sobre todo, hacer una buena limpieza.
Debajo del entarimado está el depósito del agua dulce. Es un tanque grande y blando, nuestra reserva de agua dulce a bordo. Está sucia por dentro… Este agua no vale para beber, pero sí la usamos para cocinar y lavar los platos, ha estado demasiado tiempo en el depósito; así que nos toca esterilizar el depósito.
¡Y ahora Olivier puede retomar su tarea de lavar los platos!
Después de esta escala técnica, hacemos ruta hacia las islas Eólias, un archipiélago con dos volcanes activos. A más de cien millas de Capri, hacemos un pequeño descanso, necesitaremos hacer turnos de noche para llegar. Nos acompañará el viento hasta medianoche, después tendremos que ir a motor.
A primera hora de la mañana vemos el volcán Strómboli aparecer en el horizonte y los delfines que vienen a saludarnos.
El Strómboli es el segundo volcán más activo del mundo. Es además bastante regular, no almacena energía ni después la escupe violentamente. Es bastante positivo saberlo, sobre todo cuando fondeas a sus pies. La arena donde echamos el ancla es negra y los peces que vemos nos resultan extraños y desconocidos.
 
Vemos erupciones regulares, pero se producen de la otra parte del volcán, el cuello no nos deja ver el cráter. Organizamos un pequeño paseo con una guía. La cima está a 900 y pico metros. La ascensión termina de noche con la idea de ver fluir la lava. El espectáculo es impresionante. Tanto que decidimos quedarnos un día más.
 
Al día siguiente por la noche fondeamos a los pies del volcán, en la colada, para cenar. Nos sentimos pequeñísimos al lado de semejante monstruo, después volvemos a dormir a la otra parte de la isla.
Estamos llegando a la mitad de nuestro recorrido. Hagamos un resumen, Alix y Yahia tienen que desembarcar a final de agosto, pero dónde? Con el retraso de la primera parte del viaje y los problemas con el motor necesitamos volver a Bretaña antes del invierno. También es cierto que necesitamos reducir nuestra ruta. Es el momento de tomar una decisión. La tripulación tiene muchas ganas de ir a Grecia, el punto más al oriente de nuestro periplo. No podremos ir hasta las Cíclades, ni atravesar el canal de Corinto. Valoramos la posibilidad de las islas jónicas. Por desgracia el parte meteorológico es terrible para los próximos 10 días: sin viento, ¿cómo es posible hacer la travesía hasta Grecia?. Tendremos que esperar unos días antes de salir, ni se discute la posibilidad de ir en 48 horas a motor.
Tenemos que valorar la otra posibilidad: Túnez. El viaje es más corto, se reducen las escalas y nuestros amigos no perderían el billete de vuelta…  Es una gran desilusión, pero sabíamos de antemano que modificaríamos nuestro plan. Intentaremos aprovechar al máximo Grecia: haremos ruta por el estrecho de Messina que separa Italia y Sicilia para dirigirnos a Grecia. ¡En cuanto sople un poco de viento saldremos!

Roma – Ponza : puertos horribles e islas maravillosas!

En pleno verano, navegar entre los archipiélagos es mucho más interesante que ver grandes ciudades. En los puertos la temperatura es de 41°C con aire contaminado, 50€ la noche con agua de mar sucia, fondeando en el mar 33°C, gratis con el mar de color turquesa y cielo estrellado: qué eligiríais? Ah, me olvidaba que la opción cielo estrellado no incluye cervezas frescas. Bueno, cada cosa tiene su lado bueno. Pero no os sorprendáis de que hayamos hecho más fotos de la segunda parte respecto a la primera opción.

Cuando llegamos a la costa italiana tocamos puerto en Riva di Traiano y seguimos navegando hasta el día siguiente que llegamos a Fiumicino. Nuestra guía náutica dice que hay un puerto barato, con duchas y agua por un precio bastante interesante, sin duda vamos allí! El viento nos permite navegar toda la tarde a vela y muy poco de motor. Es paradógico ver como la costa llena de fábricas horribles nos ayuda a ir a vela; en la costa debido a la contaminación hace más calor y en el mar hay esta brisa fresca que nos ayuda. Pero nos sorprende todavía más el puerto de Fiumicino. Está sucio y horrible: televisores y demás basura flotando en el mar y cuesta 45€ la noche. Las duchas están sucias y no tienen cerrojo. Y el jefe del puerto gritando a las 5 de la mañana despidiéndose de los amigos… La peor idea fue amarrar justo delante de su oficina. Como es de esperar, no estamos para nada satisfechos con los servicios del puerto, así que intentamos negociar el precio de la siguiente noche. Nos pide 60€ y amenaza con llamar a la policía si no estamos satisfechos. Resignados, pedimos que nos devuelva el pasaporte antes de que lo fotocopie. De todas formas, todavía son las 7 de la mañana y podemos ir a Ostia, un puerto que será más caro, pero donde todos los servicios están incluídos. Los empleados nos reciben con cordialidad, sonrientes y nos ayudan en todo lo que necesitamos, como por ejemplo cómo llegar a Roma y qué sitios visitar. Tenemos que darnos prisa para ir al encuentro del equipo de Roma Makers fablab!

Este fablab es una gran comunidad de makers, el lugar que visitamos es su cuartel general, además tienen otros locales en la ciudad y alrededores. La visita comienza tomando un delicioso helado artesano. Un cosa está clara: ¡los makers de Roma saben como disfrutar de su modo de vida! Además de todos los proyectos que llevan a cabo en una asociación no gubernamental con 150 socias y socios, empiezan hablándonos de la cerveza que producen, una cerveza open-source. Fue una pena cuando se acabó la visita, ¡ pero agracedecemos que la receta de la cerveza esté en la red!

También nos enseñan su impresora: la fa()3D (falla3D) : la hermana mayor de nuestra Mondrian. El diseño es parecido pero tiene una pequeña ventaja: el eje de X funciona con raíles magnéticos que reducen la fricción. Esta mejora supone muchos avances, como reducir el nivel de ruído que a nosotros nos permitiría dormir mejor en el Karukera. Algunas piezas empiezan a funcionar mal en nuestra impresora 3D y nos ofrecen algunas piezas de recambio en caso de que se nos puedan romper en el futuro.

El fablab tiene dos tipos de miembros: los miembros fundadores y otros miembros muy activos que tienen acceso al lab las 24 horas 7 días a la semana, la mayor parte de la actividad se desarrolla entre las 5:00 pm y las 11:00. Llegamos a las 4:30 pm y pudimos ver la diferencia. Muy buen ambiente entre disitntos grupos que trabajan en proyectos juntos. Posamos para hacernos distintas fotos, ¡cada cual haciendo de las suyas demostrando genio y figura!

Decidieron coger el archivo de la foto y hacer un diseño con la cortadora láser, sobre una pieza de madera el láser esculpe cada una de las sombras. La foto ahora está colgada en el Karukera, es un buen recuerdo de nuestra visita.

Pero van llegando otros miembros del lab mientras terminamos de imprimir la foto… Así que hay que hacer otra más. Los mecánicos del barrio que están cerrando el taller, nos hacen la foto, cada uno se prepara para inmortalizar este momento caótico.

Compartimos los valroes de este lab, es una gran fuente de inspiración ver gente tan entusiasta y feliz de hacer aquello que les gusta y con tanta profesionalidad!

Pasado mañana vendrá el equipo de makers del lab a visitarnos en el Karukera. Somos muchos y es realmente un placer intercambiar opiniones con makers con tantas ideas. Algunos de ellos son patrones de barco y tienen mucho que aportar. Acabaremos tomando unas cervezas a las 21:00 con Alix, el quinto miembro del barco que nos encuentra justo a la hora de tomar un aperitivo. Se nota el ambiente de vacaciones de verano a bordo.

Por supuesto aprovechamos que estamos cerca de Ostia antica para visitar las ruinas. Es una ciudad impresionante, nos impresionan su dimensión y el trabajo de reconstrucción del espacio. En su momento fue el antiguo puerto de Roma, homónimo al puerto donde está atracado el Karukera.

Hay viento, es el momento de seguir ruta hacia el sur. Las condiciones meteorológicas son un poco delicadas para personas propensas al mareo: hay olas largas, cortas y de través de entre 1,5m y 2 m y la navegación no es muy cómoda. Pero seguimos adelante! A 6 nudos de medio, a final del día es una suerte!

Amarramos en las islas Pontinas de Palmarola justo antes del anochecer. Todo el archipiélago está compuesto de islas volcánicas y, a pesar de no llegar a ver el lado viejo del volcán, nos quedamos con la boca abierta por ver semejante belleza.

Redescubrimos las maravillas del fondeo. Que maravilla tirarse al agua al despertarse, ver los peces que nadan alrededor del barco y dar una vuelta con el kayak para explorar las cuevas y picos que nos rodean. Esta isla no está habitada y no sin motivo: sería necesario escalar para ir a vivir a la meseta, que además tiene unos acantilados enormes. No es muy práctica para hacer recados de última hora…

Aprovechamos para disfrutar la calma y la soledad, las guías no aconsejan fondear aquí. Por otra parte no es la primera vez que nuestra guía nos falla: el fondeo mantiene bien el ancla y el ancla no garreará aunque hay rachas fuertes de viento. Veremos Ponza después, la más conocida por ser la más bonita del archipiélago.

De Ponza si tenemos referencias en nuestra guía. ¡El amarre cuesta 100€! Encontraremos algún buen lugar donde fondear. Es estupendo navegar entre las islas. Palmarola nos protege del mar de fondo y así podemos tomar muestras de plancton y dejamos que Alix haga algunas maniobras.

La isla es muy bonita y el puerto es muy agradable. Tenemos que fondear muy cerca de la costa para dejar espacio para maniobrar a los hidroplaneadores ( unos ferries “voladores”). Los guardacostas comprueban que no hemos echado el anclado en ninguna zona prohibida y lo suficientemente lejos para no obstaculizar maniobras. A pesar de todo, nos iremos a la mañana siguiente después de desayunar y bucear un rato, poniendo rumbo a Ventetone, La isla más al sureste del archipiélago del Pontino. Nápoles está cada vez más cerca.

De Córcega a las islas Toscanas

Dejamos Oscellucia el 11 de julio después de comer y nos dirigimos hacia el desierto de Agriates que será nuestro lugar de abrigo para la noche.
Ya que no tenemos viento para esta travesía de 20 millas, usamos el spy para aprovechar el viento que viene de popa.
Cuando llegamos inspeccionamos el fondo marino. Adrien encuentra una especie de pez muy curiosa: ¡la cadena de un ancla en muy buen estado!. Ya que nosotros no la necesitamos se la ofrecemos a nuestros vecino rusos tienen una de cadena de solo 8 metros. Al principio se soprenden de nuestro regalo, pero después lo aceptan y nos lo agradecen.

En el paseo que damos por la noche encontramos un rebaño de vacas. Las dejamos tranquilas mientras vemos que entre la vegetación aparece un toro.

Al día siguiente vamos a Capraia, la primera isla toscana. La primera parte del trayecto lo hicimos con viento en proa. Avanzamos de bolina pero esto nos ayuda a mantener rumbo, asi que durante el primer día no necesitmaos fondear. Tendremos, de todas formas que ir algo a motor para pasar el cabo corso.

cap corse

Una vez allí, nos paramos para darnos un baño y seguimos de nuevo a vela para llegar a la una de la mañana a Capraia. ¡Aquí hasta los muertos tienen escotilla!
Al día siguiente visitamos esta isla magnífica poco masificada de turistas. Pasamos la noche fondeados en la bahía cerca del puerto antes de dirigirnos a la próxima isla: Elba.

capraia

Toda la travesía la haremos sin viento y a motor. Al menos tenemos tiempo para fabricar una pieza de recambio para la válvula que cierra el circuito de gasóleo (sirve para apgar el motor). Este mando, que estaba roto desde el principio del viaje nos hacía daño en las manos cada vez que teníamos que cerrar el circuito del gasóleo. Imprimimos una pieza de recambio mucho más ergonómica, de manera que no nos dejemos las manos, a pesar de que ya están bien curtidas por los cabos del barco.

En Elba paramos en el puerto de Marciana en una boya. Al día siguiente, apenas intentamos salir, nos quedamos mudos delante del motor que no se enciende. Hasta ahora no había ninguna señal que pudiera indicar una avería, y de repente, de un día para otro deja de funcionar…
Después de mirar en profundidad vemos que el gas de descarga sale por el tubo de aspiración, pero ¿¿por que??

Tras varios intentos de reparación y un cambio de aceite, nos resignamos a llamar a  Gwen de GwenMarine (www.gwenmarinevolvopenta.com) que nos ayuda en remoto. Opina que quizás se pueda haber obstruído el circuito de descarga. Inspeccionamos el colector de descarga y encontramos una cantidad exagerada de restos de carbono. Limpiamos el máximo posible antes de montarlo de nuevo e intentamos encenderlo (habiendo aislado el circuito de enfriamiento) y ¡enciende de nuevo!  Nos coge de imprevisto y sale una nube de humo negro que sale de la manilla de la válvula del gasóleo que apaga el motor. Resultado, Adrien está negro de los pies a la cabeza. Necesitará lavarse varias veces hasta quitarse toda la mugre de encima.

Una vez arreglado el motor, salimos sin más reparos hacia la siguinete isla: Giglio.
Es en esta isla donde el Costa Concordia se encalló y fue remolcado hace algo menos de un año. La zona todavía está prohibida al paso y se pueden ver grúas.
Al día siguiente vamos a asaltar la isla, subimos a la ciudadela que tiene un paisaje alucinante.
Ahora, ruta hacia la última isla del archipiélago toscano: Giannutri. De a penas dos millas. surge del agua sobre los restos de un antiguo volcán desaparecido. Cuando nos acercamos a la isla a las 18 horas, todos los barcos de motor dejan el puerto para nuestra alegría. De hecho, el domingo es el día que la gente se marcha para volver al trabajo el lunes. No obstante, cuando llegamos a la bahía (que sería el cráter del volcán), encotramos muchos barcos amarrados, muchos amarrados a otros barcos (¡práctica muy difusa en Italia!). Nos hacemos una idea de como debe de estar la isla durante el fin de semana.
Al día siguiente, salimos hacia Riva di Traiano, un puerto al norte de Roma en la  costa italiana. Haremos una travesía de 30 millas 100% a motor. El motor nos da un susto cuando se apaga en medio del trayecto. Pero es una simple falta de carburante, desde que tuvimos el problema en Elba, el motor va solo a gasóleo. Ponemos un poco de gasóleo para purgar el circuito a baja y alta presión y vuelve a encenderse. Otra anécdota que contar, perdemos una chancleta que cae al agua. Realizamos una maniobra-chancleta y Yahia recupera su chancla.
Ya estamos cerca de Roma, y necesitamos escoger el puerto que tenga la mejor relación precio-distancia de Roma, ya que los puertos en Italia son carísimos (¡50€ la noche!).