¡Higene, higiene, cuánto te echamos de menos!  Estamos pegajosos, entre sudor de las sábanas, mezclado con crema solar y productos antimoscas. No tenemos ducha ni lavadora en el Karukera. Tendríamos que explicarlo en los amarres, que se dedican a jugar con los precios. Tenemos que ir a los bares para poder ir al baño y tenemos que lavarnos en el muelle con agua dulce y bañador.
Es cierto que tenemos un jabón especial para agua salada y duchas solares para enjuagarse, pero es una cuestión de poder o no poder lavarse. En resumen: olemos mal, ¡pero no demasiado!
Navegar a vela es realmente un placer. Un detalle importante para quien quiera navegar por el Mediterráneo. Llegamos a Ventotene con unas condiciones estupendas: el mar como un plato, brisa moderada… Además de poder ir a vela disfrutamos de un poco de aire fresco. El ambiente a bordo es excelente y la llegada a la isla, además de ser genial, fue muy cómica. Hay dos puertos en Ventotene, que están cerca entre ellos. Llegando al primer puerto nos llama la atención una barca con dos empleados del segundo puerto; tras un pequeño regateo nos proponen amarar, 25 euros la noche en lugar de 50. En ese momento llega otra barca del primer puerto para ofrecernos todas sus comodidades. Que pena, el tipo no es muy convincente. Entonces, llegamos al mítico puerto romano, construido por Agripa para que Julia, hija del César, pudiera recibir a sus amantes, y tenemos que volver a negociar. Estábamos seguros de que habían dicho 25 y no 30 por noche, pero sólo nos da la razón cuando les aseguramos que iremos esa misma noche a su bar a tomar unas cañas. La isla es interesante, no demasiado turística. Al día siguiente saldremos hacia Nápoles.
Durante la navegación, nos damos cuenta que el carro escotero (el carro que permite regular la apertura de la vela) se está rompiendo por la derecha. Lo arreglamos y, ya que el mar está en calma, desmontamos y seguimos navegando con el spy.
El spy nos lleva hacia la bahía de Nápoles. Las islas de Procida e Isquia donde hacemos una parada, son estupendas, pero el agua está sucia. Nos tiramos al agua para comprobar el fondeo y encontramos una mezcla de arena, latas, pañales y filtros de cigarrillos en el fondo. Que pena da bañarse con toda la basura que flota en el agua. Las barcas a motor y lanchas se cruzan a toda velocidad en plena zona de fondeo, nos ponen de los nervios. Todo esto disminuye hacia las 2 o 3 de la mañana, y vuelven a empezar a primera hora de la mañana.
Saludamos con amabilidad a los barcos que entran a fondear despacio, sin hacer tantas olas ni correr el riesgo de matar a nadie con la hélice del motor encendido.
Vamos hacia Nápoles pero todos los puertos están llenos, no hay ni un sitio libre. Al final vamos a Torre del Greco, una pequeña ciudad cerca de Nápoles. Nos da la sensación como si fuéramos a Cergy-Pontoise para visitar París. Relativicemos: está cerca de Pompei, un lugar que nos gustaría visitar y, por otra parte, la Cergy napolitana tiene su toque de encanto. Hacer escala en puerto es más que necesario: tenemos una gran lista de cosas que hacer a bordo del Karukera. Volver a montar el carro de escota y sobre todo, hacer una buena limpieza.
Debajo del entarimado está el depósito del agua dulce. Es un tanque grande y blando, nuestra reserva de agua dulce a bordo. Está sucia por dentro… Este agua no vale para beber, pero sí la usamos para cocinar y lavar los platos, ha estado demasiado tiempo en el depósito; así que nos toca esterilizar el depósito.
¡Y ahora Olivier puede retomar su tarea de lavar los platos!
Después de esta escala técnica, hacemos ruta hacia las islas Eólias, un archipiélago con dos volcanes activos. A más de cien millas de Capri, hacemos un pequeño descanso, necesitaremos hacer turnos de noche para llegar. Nos acompañará el viento hasta medianoche, después tendremos que ir a motor.
A primera hora de la mañana vemos el volcán Strómboli aparecer en el horizonte y los delfines que vienen a saludarnos.
El Strómboli es el segundo volcán más activo del mundo. Es además bastante regular, no almacena energía ni después la escupe violentamente. Es bastante positivo saberlo, sobre todo cuando fondeas a sus pies. La arena donde echamos el ancla es negra y los peces que vemos nos resultan extraños y desconocidos.
 
Vemos erupciones regulares, pero se producen de la otra parte del volcán, el cuello no nos deja ver el cráter. Organizamos un pequeño paseo con una guía. La cima está a 900 y pico metros. La ascensión termina de noche con la idea de ver fluir la lava. El espectáculo es impresionante. Tanto que decidimos quedarnos un día más.
 
Al día siguiente por la noche fondeamos a los pies del volcán, en la colada, para cenar. Nos sentimos pequeñísimos al lado de semejante monstruo, después volvemos a dormir a la otra parte de la isla.
Estamos llegando a la mitad de nuestro recorrido. Hagamos un resumen, Alix y Yahia tienen que desembarcar a final de agosto, pero dónde? Con el retraso de la primera parte del viaje y los problemas con el motor necesitamos volver a Bretaña antes del invierno. También es cierto que necesitamos reducir nuestra ruta. Es el momento de tomar una decisión. La tripulación tiene muchas ganas de ir a Grecia, el punto más al oriente de nuestro periplo. No podremos ir hasta las Cíclades, ni atravesar el canal de Corinto. Valoramos la posibilidad de las islas jónicas. Por desgracia el parte meteorológico es terrible para los próximos 10 días: sin viento, ¿cómo es posible hacer la travesía hasta Grecia?. Tendremos que esperar unos días antes de salir, ni se discute la posibilidad de ir en 48 horas a motor.
Tenemos que valorar la otra posibilidad: Túnez. El viaje es más corto, se reducen las escalas y nuestros amigos no perderían el billete de vuelta…  Es una gran desilusión, pero sabíamos de antemano que modificaríamos nuestro plan. Intentaremos aprovechar al máximo Grecia: haremos ruta por el estrecho de Messina que separa Italia y Sicilia para dirigirnos a Grecia. ¡En cuanto sople un poco de viento saldremos!