Cuando llegamos a Palavas-les-Flots, encontramos de nuevo a Alix, que trabaja en Montpellier, y Leo, que vuelve después de navegar unas semanas.Y también volvemos a los placeres de la vida en tierra: poder darnos todas las duchas que queramos, disfrutar de un sofá seco mientras fuera llueve a cántaros… Por otra parte tuvimos suerte, durante el fin de semana han llegado fuertes tormentas a la región de Antibes, ¡justo donde estábamos la semana pasada! Ya que hacemos escala en Palavas/Montpellier podemos ver a Bertrand, de MonRdvSantè. Es un apasionado de la vela, que nos sigue desde el prinicipio del viaje y nos ha preparado varias citas para que podamos compartir nuestro proyecto.

Nuestra primera cita es el instituto St Pierre, un hospital infantil. Contamos nuestra aventura y les hacemos alguna demostración de impresión en 3D. Nos han hecho muchísimas preguntas: “¿podemos fabricar lo que queramos con estas impresoras?, ¿habéis visto tiburones?”. Donamos al instituto el Escornabot, un pequeño robot didáctico que nos han regalado en Bricolabs en nuestra escala en A Coruña (http://blog.lab-rev.org/escales-en-galice/). Estamos contentos, conocemos a su profesor de informática, que ya está pensando en un montón de acividades que podrá hacer con este juego.

Después de los pequeños, ¡llega el turno de los mayores!Dirección Polytech Montpellier! Y nos encontramos proyectados hace un par de años, pero esta vez del lado del anfiteatro. Los estudiantes de ingeniería mecánica y de materiales están muy interesados en el proyecto, tanto por la parte técnica, como por la parte de la aventura, particularmente sobre las dificultades que surgen cuando se vive en un espacio reducido como un barco que es habitación, salón, cocina, medio de transporte y laboratorio de mecánica, ¡todo al mismo tiempo!

Después de estas dos citas, aprovechamos para preparar el barco para el canal: sacamos las velas, bajamos el generador eólico, sino podemos quedarnos sin él pasando debajo de los puentes. Bien, ¡ya estamos preparados para un par de semanas de navegación solo a motor!

Sacamos el mástil del mesana usando el mástil maestro. Con un enorme palo en el puente y sin cabos a los que agarrarnos perdemos todas las referencias. No sólo faltan puntos donde agarrarse, sino que nos partimos la cabeza con el palo cada vez que salimos de la cabina!

El canal no empieza en Palavas, todavía nos queda por sacar el mástil maestro. Salimos hacia Sete el 8 de octubre, muy temprano por la mañana, ya que tendremos que llegar antes de las 9h30, que es el horario de apertura de los puentes. Son cerca de 12 millas.

El viento es de 25 nudos de cara, y Brutus tiene sus dificultades para ir a más de 3 nudos. A este ritmo no llegaremos puntuales a Sete. Pero tenemos una idea! Izamos el génova con la driza del spy y..¡llegamos a casi 5 nudos!

Como unos auténticos ases de la velocidad, llegamos al puente a las 9h28. Pasamos los 5 puentes, y nos encontramos en el estanque de Thau, buscando algún taller que nos ayude a desarbolar en el día. No arrimamos a un puente al pincipio del estanque y vemos un barco ya desarbolado, Courlevent, que se dispone a cruzar también el Canal di Midi. Olivier y Aurelie, después de haber navegado hasta las Baleares este verano van a pasar el invierno a Toulouse. Tienen problemas con el motor y en menos e un minuto, ¡Adrien ya se había tirado a su barco para echarles una mano!

Nos hablan de un taller que tiene grúa y vamos caminando, después de haber hecho una pequeña parada en una panadería para probar las famosas tielle ((empanadillas) di Sete! Romain, el dueño del taller nos da incluso los ejes de madera sobe los que apoyar los mástiles, gracias a los que dejaremos de darnos golpes en la cabeza cada dos por tres.

Partimos al día siguiente por la mañana, en compañía del Courlevent, con los barcos uno al lado del otro, para atravesar el estanque de Thau. Es cómodo para ir charlando, y los barcos se complementan muy bien, nosotros tenemos un motor más potente y ellos el piloto automático.

Entramos en el canal de midi el 9 de octubre a mediodía. Y a partir de aquí empiezan los problemas. Esta etapa, en la que pensábamos que no haríamos nada más que tomar aperitivos, se convierte de hecho en la parte más incierta. Además de los problemas con el motor, al que nos fuimos acostumbrando, está el problema del calado.

De hecho, el viejo y querido amigo Pierre-Paul Riquet (1609-1680), creador del canal, lo hizo costruír para barcos de 1,60 m de profundidad, pero en los tres siglos sucesivos el canal se ha ido llenando de arena. A día de hoy está garantizado para barcos que calan 1,40 m, o mejor dicho 1,20 m. Nuestro calado es de 1,55 m (en realidad no estamos de acuerdo sobre esta medida, es una media). Éste es el problema.

Sabíamos esto desde el principio, y hemos pensado a tantas posibles soluciones (no os olvideis de que tres miembros del equipo de abordo han estudiado arquitectura naval). ¿Sacar peso al barco? Por qué no, pero para ganar 10 cm necesitamos sacar una tonelada de peso del barco!No es fácil. Una de las soluciones que hemos pensado es inflar una balsa flotante bajo el casco, para hacer algo así como un artefacto flotante bajo el barco. También pensamos en recuperar miles de botellas de plástico para construir este soporte flotante, como veis las ideas no nos faltan!

Por fin, parece que pasa, tano en profundidad como en altura.

Desde el primer momento empezamos a contar las veces que tocamos fondo con el casco. ¿Cuántas creeis? Podeis hacer apuestas, ¡encontrareis la respuesta al final del artículo! Intentamos quedarnos siempre en el centro del canal, comprobando a cada rato la profundidad.

Llegando a la primera compuerta, parece que pasamos. Preguntamos al responsible de la compuerta y nos dice que si hemos llegado hasta aquí, llegaremos también hasta Toulouse. Nos da seguridad, pero no todos nos dirán lo mismo.

La vida en el canal está marcada por las compuertas. Los horarios de funcionamiento hacen que el ritmo de navegación sea lento (9h00-12h30, 13h30-18h00), y las maniobras se realizan a razón de una decena al día de media.

Es muy agradable navegar con nuestros amigos del Courlevent. Cuando el canal es suficientemente ancho, nos ponemos uno al lado del otro, y por la noche amarramos a su barco( con 80 cms e quilla pueden acercarse a la ribera, no es nuestro caso). Nos ayudan a desencayar y nosotros les remolcamos cuando e motor se recalienta. ¡Nos complementamos de maravilla!

Navegar en el canal no tiene nada que ver con navegar en el mar. Estamos dentro del paisaje de la ribera del canal y lo vemos pasar mucho más rapidamente que desde el mar. A pesar de que nuestra velocidad es de 8 km/h (si, en el canal nos olvidamos por un momento de millas y nudos y volvemos a medidas terrestres). Pasamos por el corazón de las ciudades, de pueblos, y nos cruzamos un montón de turistas alemanes al timón de sus houseboats alquilados. A veces nos dan un poco de miedo, nos da la impresión de que no saben llevar muy bien la embarcación…

Echamos de menos las estructuras de acogida para navegantes en el canal. Aprovecharemos para darnos una ducha en la etapa de Beziers, la última antes de Toulouse.

Los “biefs” (partes del canal entre las compuertas) se suceden unas tras otras, algunas más profundas, a veces con variaciones de nivel debidas a las compuertas. En Carcassonne, la tripulación del Courlevent se para por unos días, mientras nosotros decidimos continuar. Después encontramos a Caro y Ludo, unos amigos que adoran los barcos “cuando no se mueven mucho”. Así que el canal es el lugar ideal para pasar el tiempo navegando con ellos sin que tengan miedo del mar.

Encayamos a pocos metros de distancia de una cuenca cerca de la colina de Naurouze, el punto más alto del canal (190 metros sobre el nivel del mar). Olivier y Leo tienen que bajar a tierra con las amarras para ayudar al motor. Después de unos minutos ¡volvemos a arrancar!. Hacemos noche cerca del obelisco de Riquet, momumento en honor del creador del canal.

Al día siguiente comienzan los problemas. La primera parte del canal en dirección a Toulouse está llena de materia, tocamos fondo continuamente. Después de pasar la compuerta de Montgiscard, chocamos con un gran bloque de fango ( los técnicos lo laman “toc”), nos bloquea completamente.

Bajamos con amarras para ayudar al motor, pero nada, el barco está completamewnte en cayado. Tiramos como locos de un puente que está a unos metros de nosotros, pero nada, no se mueve.

Olivier sube a la zodiac para sondear el fondo que tenemos delante del barco. Este “toc” tiene, por lo menos 25m de largo y ocupa todo el largo del canal.

Salimos cuando cala la noche, después de dos horas de enormes esfuerzos, haciendo mover el barco para excavar en el fango, combinando con el ancla (que llevamos delante con la zodiac y la recuperamos con el cabrestante), entre tres personas tirando desde tierra y el motor al máximo. Con este método avanzamos de cinco en cinco metros, y conseguimos, paso a paso, atravesar el “toc”.

Decidimos seguir hasta la siguinete compuerta, con Ludo, Olivier y Leo que caminan en el sendero del canal con las amarras, por si acaso aparece otro “toc”. Son siete kilómetros de marcha nocturna con el frontal en un camino lleno de agujeros y ramas “reconociendo” el terreno.

Al día siguiente el motor no quiere encender. El día anterior ya fue difícil, pero ahora, nada, no hay nada que hacer. Ha estado muy solicitado esta última semana y aparentemente no ha recibido suficientes “halagos”… Además por la mañana hace frío y esto tampoco nos ayuda. Pasamos una compuerta pasando el barco con las amarras y, solo después de varios intentos, nos resignamos a seguir hasta la siguiente compuerta buscando electricidad para recargar las baterías que usamos para intentar encender el motor.

En esta última compuerta (la última antes de Toulouse), conocemos a Blaise, que trabaja en un restaurante enfrente y vive en un barco un poco más allá. Nos brinda la oportunidad de engancharnos a su red eléctrica. Mientras tanto, el motor sigue sin querer encenderse. Estamos preparados para desmontar la culata, Blaise nos indica un taller no muy lejos, donde podrían prestarnos las herramientas necesarias para salir del apuro. Qué gran combinación! Son también especialistas en aceite de freír reciclado! Se llaman RouleMaFrite31. Vamos en búsqueda de herramientas y consejo, tenemos que hacer solo 5 kms tirando del barco a mano!

Por suerte, una vez que parte el barco se desliza solo dejándose remolcar. Los mecánicos de RouleMaFrite nos aconsejan dejar de usar el aceite usado: nuestro viejo motor, que no tiene calentadores, no consigue quemar bien el aceite, esto explica los problemas que tenemos con el depósito de residuos habitualmente.

Conseguiremos poner el marcha el motor al final de la tarde. Llegamos a la ciudad roja de noche y amarramos en Porto-Saint-Sauveur. ¡Qué extraña sensación estar en el centro de la ciudad!

Al día siguiente demontamos el motor hasta los pistones. Gwen, nuestro mecánico a distancia, nos guía, y encontramos el problema: los segmentos, guarniciones metálicas que mantienen los cilindros y los pistones están gastados. Si hay fuga no hay compresión, si no hay compresión no hay explosión y si no hay explosión el motor no funciona.

Adrien se va a buscar más piezas, mientras el resto de la tripulación hacemos turismo gastronómico: ¡Aligot y salchicha de Toulouse! Visitamos Artilect, el fablab de Toulouse, el primer fablab francés, y también el más grande: 700m2 de locales, pero lo más importante 1000 soci@s!!! Se enamoran de nuestra historia, y se ofrecen a darnos una mano para poner a punto uno de nuestros prototipos desarrollados a lo largo del canal de midi: el AperoWinch, un portavasos universal para todos los aficionados a la vela, hecho con un soporte impreso en 3D que se engancha en el winch y un plato de madera cortado con láser.

Después de 10 días en Toulouse (esperando piezas, después llegan, nos damos cuenta de que no son las que necesitamos, volver a empezar, etc…) conseguimos salir el 26 de octubre, en dirección a Bordeaux y el Atlántico. Cambia de nuevo la tripulación, Caro, Ludo y Leo vuelven a casa, viene Cassandra. La parte entre Toulouse y Bordeaux debería ser más fácil, están garantizados 1,60 m de profundidad…

A propósito, entre Sete y Toulouse, 230 km, hemos tocado fondo sobre 250 veces. Nada mal, verdad?