Moisagosto 2015

Stromboli-Grecia: ritorno in Bretagna?

Sicilia, el Jónico, las islas griegas, palabras que emanan tranquilidad veraniega y sombrilla. ¿La tripulación del Karukera habrá visto demasiadas postales? No nos habíamos puesto los imperbeables con tanta frecuencia desde abril, algo que, en parte, ha resuelto nuestros problemas con la higiene. Pero, cuando hablamos de calor, hablamos también de temporal! El anemómetro indica que habrá 10 veces más viento respecto a los días anteriores; el viento, la lluvia y el granizo habrían podido tranquilamente despeinar a los centauros. Es una buena oportunidad para que se entrene toda la tripulación: “arriamos todas las velas!”; y justo después “¡recogemos todas las velas!”. En ruta hacia Grecia dejamos atrás el Strómboli. Vamos hacia el estrecho de Messina, que separa la bota peninsular de Sicilia y nos dirigimos al punto más al oriente de nuestro periplo: las islas jónicas.

Pasamos por Scilla, un pequeño puerto antes del estrecho y entramos en una zona ciertamente mitológica. En Scilla es donde, supuestamente, un animal mitológico habría devorado a toda la tripulación de la nave de Ulises. Tocando madera en el Karukera, continuamos rumbo fijo. Pero la brisa que en las previsiones sería de oeste, gira de repente a sureste y vemos, a lo lejos, un temporal que se disipa conforme nos acercamos a tierra.

El puerto de Scilla non es un puerto deportivo, sino un muelle para el ferry que circula solo los domingos. Atracamos allí, es un buen puerto, además de gratuito.
El mismo tipo de temporal del día anterior rompe nuestra tranquilidad. El viento es de 60 nudos, las olas llegan de popa al Karukera y tira fuerte de las amarras. Hasta tal punto que se arranca un noray de cemento del muelle, que habría podido hundir tranquilamente el barco si no fuese por Olivier que largó el amarre justo a tiempo. El episodio dura casi una hora. Probamos siete amarres distintos en la popa, con el motor en marcha atrás a toda potencia y una cornamusa casi se rompe, destrozando una pequeña parte del puente. Nos resultará fácil arroglarlo, pero no empapamos de pies a cabeza. Después nos tomamos un te calentito en pleno verano. La próxima vez estaremos más atentos con los impermeables.
Al día siguiente salimos hacia Reggio Calabria, que tiene un puerto muy caro pero con muchos servicios. Tendremos que llenar el depósito antes de salir. Así conocemos a Saverio, un personaje que forma parte de la fauna urbana del lugar. Taxista, vendedor de recambios de coche, mecánico, productor de vino, queso y embutidos, es capaz de buscarnos cualquier tipo de servicio y regatear como nadie. Saverio goza de fama internacional por ser un personaje polivalente. El portulano habla de él y él siempre sabe qué barcos entán entrando en puerto para hacer escala. Presume de conocer a Florence Arthaud y nos cuenta sus amoríos en el océano atlántico. Nos invita a su “base”, donde descubrimos que además alquila coches y tablas de surf. Nos seduce ofreciéndonos un vaso de vino blanco y salimos con un queso y varios salamis debajo del brazo. Al día siguiente va incluso a husmear en nuestra hoja de ruta mientras sacamos dinero del banco, antes de acompañarnos al supermercado. Nos espera con el maletero abierto en una plaza donde está prohibido aparcar, fingiendo que tiene el coche averiado para que nadie le moleste. Volvemos a bordo con su salami buenísimo y alguna botella de vino tinto. Es hora de irnos antes de que sea demasiado tarde.
500km y casi 60 horas de navegación, esto es lo previsto para poder llegar a  Grecia, el viento de sur es moderado y nos hacemos a la idea de que nos acompañará el buen tiempo. Y de hecho, es así durante el primer día. Aprovechamos para imprimir unos mandos para nuestra cocina de gas, que se habían estropeado con el uso.
Con cinco personas a bordo, la primera noche no es muy dura. Vemos relámpagos a lo lejos que iluminan el horizonte. Pero nos mantenemos a buena distancia. El viento gira en cuanto nos acercamos un poco al temporal. Esto nos hace ralentar un poco, pero no cambia sustancialmente la vida a bordo. El segundo día pasa tranquilamente, navegamos con todas las velas izadas y hacemos millas con mucha facilidad. Pero al final del día el aire se carga y cala en viento. Aparecen los primeros relámpagos. Nos recuerda a una sesión de fotografía con flash, si no fuera por el ambiente y las bebidas. Si los rayos fueran más grandes sería un riesgo para un barco a vela, pero no es el caso. A pesar de todo, ponemos una cadena al sartie, de modo que si llega un rayo se desvíe al agua directamente. Por suerte, el rayo que cae más cerca de nosotros lo hace a unos 3 kms. También nosotros ponemos de nuestra parte haciendo zigzag, dando una vuelta de 15 kms para evitar estas nubes con forma de yunque.
Durante la noche, llegan rachas de viento con nubes tan oscuras que se ven en plena noche. El viento cambia de dirección constantemente, el anemómetro marcará hasta 60 nudos. Es otra ocasión para que se entrene la tripulación: tenemos que recoger todas velas varias veces e izar cuando llega un momento de calma, que viene seguido de vientos fuertísimos. Otra vez con un calor sofocante, ya estamos en condiciones para tranquilizar nuestro cuerpo y alma de marineros. Nos ponemos las linternas frontales para poder ver “algo” en medio de la noche. Un poco como recuerdo, y también para reírnos de nosotros mismos, las dejamos alrededor de la brújula durante algún tiempo.
Pasada la noche, solo queda un pequeño rastro de las nubes. La mañana es fresca y esta temperatura se mantiene durante bastante tiempo. Mientras uno reposa, otro repasa el vocabulario relacionado con la lluvia. Chirimiri, temporal, diluvio: la variedad de términos es sorprendente. Mientras termina la última etapa de nuestro periplo, probamos a imaginar al tiempo que nos espera cuando lleguemos a mitad de noviembre en Bretaña. Llegamos a la conclusión que los partes metereológicos no siempre aciertan al 100%, y mucho menos en el Mediterráneo.
 
Esta dura prueba llega a su fin y volvemos a sonreir. ¡Las islas griegas aparecen en el horizonte!
Tenemos que dar parte de nuestra llegada en el servicio de inmigración en el primer puerto griego al que llegamos: Argostopolis. Hacemos una escala perfecta en la isla de Cefalonia, la noche cuesta 12 euros y ofrece los mismos servicios que los puertos italianos, donde hubiéramos pagado cuatro veces más.  Tenemos un supermercado a 50 metros, un mercado a 250 y un montón de kebabs en las callejuelas del puerto. Todo lo que queremos después de las semanas que pasamos en Italia y después de una travesía difícil. Tenemos unos diez días para recorrer Grecia antes de volver a Sicilia. Nos esperan algunos problemas técnicos, pero antes de darnos cuenta nos damos una buena ducha en el muelle de Argostopolis.

Ponza – Stromboli : ¿para cuándo una ducha?

¡Higene, higiene, cuánto te echamos de menos!  Estamos pegajosos, entre sudor de las sábanas, mezclado con crema solar y productos antimoscas. No tenemos ducha ni lavadora en el Karukera. Tendríamos que explicarlo en los amarres, que se dedican a jugar con los precios. Tenemos que ir a los bares para poder ir al baño y tenemos que lavarnos en el muelle con agua dulce y bañador.
Es cierto que tenemos un jabón especial para agua salada y duchas solares para enjuagarse, pero es una cuestión de poder o no poder lavarse. En resumen: olemos mal, ¡pero no demasiado!
Navegar a vela es realmente un placer. Un detalle importante para quien quiera navegar por el Mediterráneo. Llegamos a Ventotene con unas condiciones estupendas: el mar como un plato, brisa moderada… Además de poder ir a vela disfrutamos de un poco de aire fresco. El ambiente a bordo es excelente y la llegada a la isla, además de ser genial, fue muy cómica. Hay dos puertos en Ventotene, que están cerca entre ellos. Llegando al primer puerto nos llama la atención una barca con dos empleados del segundo puerto; tras un pequeño regateo nos proponen amarar, 25 euros la noche en lugar de 50. En ese momento llega otra barca del primer puerto para ofrecernos todas sus comodidades. Que pena, el tipo no es muy convincente. Entonces, llegamos al mítico puerto romano, construido por Agripa para que Julia, hija del César, pudiera recibir a sus amantes, y tenemos que volver a negociar. Estábamos seguros de que habían dicho 25 y no 30 por noche, pero sólo nos da la razón cuando les aseguramos que iremos esa misma noche a su bar a tomar unas cañas. La isla es interesante, no demasiado turística. Al día siguiente saldremos hacia Nápoles.
Durante la navegación, nos damos cuenta que el carro escotero (el carro que permite regular la apertura de la vela) se está rompiendo por la derecha. Lo arreglamos y, ya que el mar está en calma, desmontamos y seguimos navegando con el spy.
El spy nos lleva hacia la bahía de Nápoles. Las islas de Procida e Isquia donde hacemos una parada, son estupendas, pero el agua está sucia. Nos tiramos al agua para comprobar el fondeo y encontramos una mezcla de arena, latas, pañales y filtros de cigarrillos en el fondo. Que pena da bañarse con toda la basura que flota en el agua. Las barcas a motor y lanchas se cruzan a toda velocidad en plena zona de fondeo, nos ponen de los nervios. Todo esto disminuye hacia las 2 o 3 de la mañana, y vuelven a empezar a primera hora de la mañana.
Saludamos con amabilidad a los barcos que entran a fondear despacio, sin hacer tantas olas ni correr el riesgo de matar a nadie con la hélice del motor encendido.
Vamos hacia Nápoles pero todos los puertos están llenos, no hay ni un sitio libre. Al final vamos a Torre del Greco, una pequeña ciudad cerca de Nápoles. Nos da la sensación como si fuéramos a Cergy-Pontoise para visitar París. Relativicemos: está cerca de Pompei, un lugar que nos gustaría visitar y, por otra parte, la Cergy napolitana tiene su toque de encanto. Hacer escala en puerto es más que necesario: tenemos una gran lista de cosas que hacer a bordo del Karukera. Volver a montar el carro de escota y sobre todo, hacer una buena limpieza.
Debajo del entarimado está el depósito del agua dulce. Es un tanque grande y blando, nuestra reserva de agua dulce a bordo. Está sucia por dentro… Este agua no vale para beber, pero sí la usamos para cocinar y lavar los platos, ha estado demasiado tiempo en el depósito; así que nos toca esterilizar el depósito.
¡Y ahora Olivier puede retomar su tarea de lavar los platos!
Después de esta escala técnica, hacemos ruta hacia las islas Eólias, un archipiélago con dos volcanes activos. A más de cien millas de Capri, hacemos un pequeño descanso, necesitaremos hacer turnos de noche para llegar. Nos acompañará el viento hasta medianoche, después tendremos que ir a motor.
A primera hora de la mañana vemos el volcán Strómboli aparecer en el horizonte y los delfines que vienen a saludarnos.
El Strómboli es el segundo volcán más activo del mundo. Es además bastante regular, no almacena energía ni después la escupe violentamente. Es bastante positivo saberlo, sobre todo cuando fondeas a sus pies. La arena donde echamos el ancla es negra y los peces que vemos nos resultan extraños y desconocidos.
 
Vemos erupciones regulares, pero se producen de la otra parte del volcán, el cuello no nos deja ver el cráter. Organizamos un pequeño paseo con una guía. La cima está a 900 y pico metros. La ascensión termina de noche con la idea de ver fluir la lava. El espectáculo es impresionante. Tanto que decidimos quedarnos un día más.
 
Al día siguiente por la noche fondeamos a los pies del volcán, en la colada, para cenar. Nos sentimos pequeñísimos al lado de semejante monstruo, después volvemos a dormir a la otra parte de la isla.
Estamos llegando a la mitad de nuestro recorrido. Hagamos un resumen, Alix y Yahia tienen que desembarcar a final de agosto, pero dónde? Con el retraso de la primera parte del viaje y los problemas con el motor necesitamos volver a Bretaña antes del invierno. También es cierto que necesitamos reducir nuestra ruta. Es el momento de tomar una decisión. La tripulación tiene muchas ganas de ir a Grecia, el punto más al oriente de nuestro periplo. No podremos ir hasta las Cíclades, ni atravesar el canal de Corinto. Valoramos la posibilidad de las islas jónicas. Por desgracia el parte meteorológico es terrible para los próximos 10 días: sin viento, ¿cómo es posible hacer la travesía hasta Grecia?. Tendremos que esperar unos días antes de salir, ni se discute la posibilidad de ir en 48 horas a motor.
Tenemos que valorar la otra posibilidad: Túnez. El viaje es más corto, se reducen las escalas y nuestros amigos no perderían el billete de vuelta…  Es una gran desilusión, pero sabíamos de antemano que modificaríamos nuestro plan. Intentaremos aprovechar al máximo Grecia: haremos ruta por el estrecho de Messina que separa Italia y Sicilia para dirigirnos a Grecia. ¡En cuanto sople un poco de viento saldremos!